Soy tu menstruación. A qué huelen las nubes

Ya estamos en septiembre y se nota. No por el ambiente, que parece que no termina este verano sofocante y tardío, sino por la tele. Ya vuelven las series, los programas habituales y los anuncios de fascículos. Cada vez que los veo me pregunto si alguien hará las colecciones enteras, esas colecciones que parecen absurdas. Aunque para absurdos los anuncios de “higiene femenina”. Y lo pongo entrecomillado porque ya para empezar nos venden un “eh, tú, mujer, que eres sucia, hueles mal, necesitas nuestros productos”. Sí, lo habéis adivinado, hoy vengo con un post de los de “enfadada con el mundo”.

Hay muchos aspectos en los que a las mujeres nos queda mucho por ganar terreno para llegar a un equilibrio, que si igualdad salarial, de oportunidades, un lenguaje no sexista, los juguetes… Y obviamente hay algo en lo que seguiremos siendo diferentes: menstruamos. Eso es así, y si no lo es, malo, porque hay algo que no funciona.  Con lo que tenemos una paradoja y es que luchamos por la igualdad de géneros y para ello reclamamos igualdad, pero por otro lado estamos dominadas por las hormonas durante nuestro día a día, y eso nos hace ser diferentes. Y como eso parece que molesta, pues hay que ocultarlo para no llamar la atención.

OB

Cuando la mujer se incorporó al mundo laboral, a la sociedad patriarcal le molestaba este pequeño detalle, que si la regla, que si esos días, que si mujer, estás mala (de hecho esta expresión de “estoy mala” me resulta indignante de todo punto. ¿Mala de qué? Si es al contrario, el cuerpo está siguiendo su curso normal)… Y se comenzó a vender la idea de los tampones, que no se notan, que no huelen, que no molestan y que harán sentir a la mujer menos molesta y más igual que  su compañeros masculinos que no tienen que visitar el baño tan a menudo. Libérate de la regla, que dicen ahora los de evax/tampax.

Y poco a poco nos han vendido esa idea, cada vez más gracias a que la publicidad fue ganando terreno gracias a la tele y hoy con las redes sociales. Todos esos anuncios repiten hasta la saciedad “limpiar”, “higiene”, “olor”, “molestias”, “perfumar”. Aquello de a qué huelen las nubes. Así pues, si hoy en día quieres ser una mujer de tu época, avanzada, innovadora, proactiva como las actrices divinas, rubias, altas y monísimas ellas que salen en los anuncios de sus productos, has de usar tampones para nadar, para montar a caballo, para salir de fiesta… No hay nada mejor para la socialización, oye. O tienes que llevar en tu bolso esas compresas que son la panacea pues te ocultarán tu horrible olor corporal. Porque sí, mujer, tú hueles mal. No sé si os habéis parado a pensar que quizá lo que huele mal es que el cuerpo no transpira con esas fantásticas nubes con alas y perfume superchachi de la muerte.

Pero claro, nos venden la idea de que olemos mal, y compramos sus productos odorfresh. Cuando en realidad lo que nos produce ese mal olor son sus compresas… Círculo vicioso. Pero es que además, tanto compresas como tampones provienen de la celulosa, que no es blanca. Así que para que nos lleguen de este color tienen que pasar por tratamientos de baños de cloro para blanquearlos. Con lo que no es de extrañar que provoquen irritaciones, alergias o shock tóxico. Y más cuando es algo que se usa tan de continuo. De ahí que estos métodos funcionen, y es que algo hay que usar, ¿no? Porque la regla la tenemos durante media vida, todos los meses. Y si te quedas embarazada, no te preocupes, que ya volverás a nosotros, oveja descarriada.

Embarazo

Hace un tiempo se ha empezado a ver tímidamente en los medios la copa menstrual, un invento que lleva en el mercado desde 1930 pero que no ha ganado adeptas porque las empresas de productos de “higiene femenina” tienen más fuerza. De hecho, recuerdo que los de Johnson&Johnson (tampones ob) nos dieron una charla desinteresada en mis últimos tres años de cole (6º, 7º y 8º de EGB). Y ahí en lo que te venden como una charla de educación sexual, en realidad se convierte en una captación de clientes. Así, a la tierna edad en la que empiezas a menstruar.

Pues bien, la copa existe desde hace muchos años, pero en parte por esta industria y en parte porque la mujer ha estado sometida a un sistema en el que conocer su cuerpo es un tabú, pues no ha tenido mucho éxito. Pero hoy en día la tendencia está cambiando bien sea por mayor conciencia ecológica, por el hecho de que cada día tenemos más alergias, por tema económico, por lucha contra estas grandes empresas, por feminismo… por lo que sea, pero el caso es que está ganando adeptas. Entre las que me incluyo.

Yo llevo usando tampones desde los trece años, poco después de que los amigos de ob nos dieran sus charlas y nos dieran una muestra de sus productos, porque claro, para que piques, te dan una muestra y así ya te tienen. El caso es que casi veinte años después he decidido cambiar, probar, ver hacia dónde me lleva y aunque de momento llevo poco tiempo usándola, he de decir que la recomiendo sin lugar a dudas por varios motivos:

Económico: A mí me costó en farmacia unos 25€ y dura 10 años. Con lo que gastaba en tampones, lo he amortizado en dos meses.

Higiénico: Puedes tenerla dentro del cuerpo unas 12 horas, siempre que el volumen de sangre no sea mayor a su capacidad, claro. Yo he llegado a las 9 horas que he estado fuera de casa, en los días de máximo sangrado, y ni un problema, ni una molestia, ni una mancha.

Ecológico: Imagina la cantidad de compresas y tampones que dejas de usar en 10 años. Eso que no tiras. Que son productos no biodegradables.

Corporal: Y es que al final tú eres quien conoce tu cuerpo, quien lo maneja y decide cómo cuidarlo. El material del que está hecha es hipoalergénico, de silicona médica.

copa

Así pues, casi todo son ventajas. Y realmente te das cuenta de que es más higiénico, y de que no olemos mal… Lo que huele mal es la sangre contenida en un tampón o una compresa. Nada que ver con la copa. Su uso es sencillo: se dobla el aro, se introduce y ella sola se coloca haciendo efecto ventosa. No hay que introducirla tan arriba como un tampón. Y lo mismo para sacarla, pellizcarla para que se separe de las paredes y extraer. Vaciar, enjuagar con la misma agua del grifo y volver a colocar. Importante durante el proceso tener las manos limpias y si estamos fuera de casa y no nos fiamos del aguar del grifo, llevar una botellita de agua en el bolso.

El único inconveniente que le veo es que lógicamente hay que esterilizarla antes de cada primer uso, y para ello hay que cocerla unos tres minutos. Como las tetinas de un biberón, vaya. Y si te pilla fuera de casa, no es como un tampón o compresa que lo sacas del bolso y listo. Pero una vez esterilizada y colocada… hasta el último día.

Hay diferentes tamaños según edad, cantidad de sangrado, si ha habido parto… Cada marca es diferente, pero viene con una guía para que sepas cuál es el tuyo:

tallas

Os animo a probarla, a conocer vuestro cuerpo, a descubrir que no oléis mal y que no sangráis tanto como creíais.

One Response to Soy tu menstruación. A qué huelen las nubes

  1. Pingback: Konjac Sponge | Bordes Con Ideas

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